sábado, 27 de febrero de 2016

La empatía no es una idea romántica



o   La especialista en educación emocional Anna Carpena defiende en su última obra, publicada por la editorial bilbaína Desclée De Brouwer, el poder trasformador de la empatía y la necesidad de convertirla en el eje de la educación. La empatía forma parte de la naturaleza humana, pero es preciso entrenarla mediante la educación emocional para alcanzar así una sociedad empática.


Bilbao, 17 de Febrero de 2016.
La teoría de la empatía es relativamente nueva, ya que fue formulada por primera vez por el psicólogo alemán Theodor Lipps en 1903 como un proceso de identificación entre un sujeto y un objeto, en el que el primero experimenta una transformación. La empatía es la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos, según resume el diccionario en una definición que podría completarse así: es la capacidad de captar lo que otro piensa y necesita y la conexión sincera con su sentir como si fuera propio, sintiendo a la vez el deseo de consolar y de ayudar.
“La empatía no es una idea romántica, ni la cualidad de algunas personas, sino una capacidad humana antropológica que ha ido cambiando con la evolución”, zanja Anna Carpena (Terrassa, 1950), especialista en desarrollo personal y educación emocional. Con el bagaje de una extensa trayectoria profesional en el mundo educativo, Carpena concluye que la empatía debe ser un eje fundamental en la educación y con ese objetivo ha publicado “La empatía es posible”, publicado por la editorial bilbaína Desclée De Brouwer. El subtítulo del libro, “Educación emocional para una sociedad empática”, ilustra acerca del camino que se debe recorrer: la educación empática comienza en uno mismo y se extiende al círculo próximo para, finalmente, trascenderlo y llegar a sentimientos universales.

Neuronas espejo
Biológicamente, el ser humano puede sentir las emociones de los demás como si fueran propias, como ha demostrado la neurociencia. Por ejemplo, si observamos a un individuo que sufre, en nuestro cerebro actúan de inmediato las llamadas neuronas-espejo, que activan la red neuronal involucrada en un proceso de dolor.
Aunque existen las bases neurológicas para la empatía, éstas deben ser estimuladas para que se desarrollen de manera plena. La empatía puede ser aprendida y, por lo tanto, también puede ser enseñada y entrenada. “Para educar la empatía hay que hacerlo con empatía”, advierte Anna Carpena, que concluye la empatía determinará el futuro de nuestra especie y que “no habrá expectativas positivas para la humanidad mientras no tome como principios universales la empatía y la compasión; la educación es el camino”.


Editorial Desclée De Brouwer
Desclée De Brouwer es una empresa familiar, fundada en Bilbao en 1945 por José Mª Gogeascoechea, que lleva siete décadas dedicada a la edición, especialmente a la difusión de los valores del humanismo cristiano, sin descuidar otros campos formativos y académicos, como la psicología, la autoayuda, la pedagogía, la gestión empresarial o la literatura infantil y juvenil en euskera.
En sus más de 70 años de historia, tres generaciones de editores comprometidos con la calidad, la independencia y la identidad editorial han convertido a Desclée De Brouwer en una referencia en los campos descritos para todos los países de habla hispana.
www.edesclee.com

Más información:
Cuatrobarras Comunicación: 944 058 637 / 608 308 842 / 609 436 586


La empatía no es una idea romántica, ni una cualidad de algunos, ni una aportación espiritual de otras culturas, sino una capacidad humana que ha ido cambiando a lo largo de la evolución y que puede seguir haciéndolo. La empatía puede ser desarrollada y la educación tiene un papel fundamental en ello, tanto como el marco en el que se desarrolla. El camino empieza por la empatía con uno mismo, continúa con las personas cercanas y, trascendiendo al propio grupo, debe llegar a sentimientos universales con consciencia de formar parte de una gran familia: la humanidad.

Qué es la empatía y cómo se educa. Esta obra combina una aproximación interdisciplinar con la reflexión y algunas orientaciones prácticas, actividades y recursos encaminados a comprender y aceptar nuestra propia naturaleza para continuar evolucionando. Profundizando en el conocimiento del ser humano, se hace mención especial a la etapa más vulnerable, la infancia, en la que se construyen los cimientos del individuo adulto, para conocer sus necesidades y cómo atenderlas empáticamente. En todos los capítulos hay una reivindicación de las emociones, pues a pesar de estar ampliamente reconocida su importancia, existe todavía una tendencia general a olvidarlas y a centrarse solamente en la razón.

Este libro se dirige a aquellos que sienten que educar empieza por uno mismo y a todas las personas implicadas y comprometidas con la educación, sean cuales sean sus ámbitos o sus roles.

No hay comentarios:

Publicar un comentario