lunes, 8 de febrero de 2016

La cultura en el desarrollo de la empatía



La cultura de una determinada sociedad se transmite entre sus miembros, hilando maneras de pensar, sentir y actuar. Se compone de costumbres, ideas, pautas, valores y consenso moral. En este marco se incluyen tanto los aspectos elevados del ser humano -arte y la espiritualidad- como las diferentes formas de vivir y dentro de este último aspecto la forma de emplear el tiempo libre, en el que sitúo la cultura de entretenimiento, motivo de las reflexiones que a continuación expongo.

¿Qué nos educa?
Nos educamos a través del contacto con las personas con apego (normalmente los padres), nos educan los contactos con el medio social, con las otras personas con las que se interacciona, y nos educa el contacto con la cultura en la que crecemos.

¿Y la construcción de la empatía?
El desarrollo de la capacidad empática se produce a través de estos mismos contactos. Unos adultos empáticos y una cultura empática proporcionan unos modelos que influirán en cómo se forma la empatía, no sólo durante la infancia sino posteriormente, en la edad adulta.

¿Hay conciencia del papel de la cultura? 
Tomar conciencia del papel que tiene la cultura en la educación de nuestros niños y jóvenes es el primer paso para tener un posicionamiento activo que nos oriente hacia la construcción de la cultura que queremos. Me refiero al posicionamiento crítico frente algunos de los valores culturales que no transmiten aquellos con los que nos declaramos comprometidos: valores empáticos de concordia, de diálogo, de respeto, de paz. La aceptación pasiva de los valores contrarios es un modelado que ofrecemos a niños y jóvenes, tanto por nuestra actitud de sumisión como por la permisividad en  tener contacto con ellos.

¿La cultura de entretenimiento?
La cultura del entretenimiento incluye sectores que podríamos nombrar como “cultura de la violencia”. Filmografía, videojuegos y programas televisivos. A pesar de que su influencia negativa está demostrada podemos observar una  tendencia generalizada a encogerse de hombros, con la justificación de que si de verdad fuera perniciosa no se permitiría su acceso de manera fácil, o bien nos encontramos con una  actitud sostenida por un ”no se puede hacer nada”, predisposición, ésta, a someterse a los intereses de la industria audiovisual.

¿La cultura promueve la violencia o el pacifismo?
La cultura en la que crecemos nos promueve la violencia o el pacifismo porque somos naturaleza y cultura. La agresividad humana es biológica, biología que ha sido influenciada por la cultura que los humanos hemos ido tejiendo a través de los siglos. 
La cultura puede exacerbar signos naturales como el miedo al diferente, miedo atávico que en su momento, en la lucha por el alimento, en un medio natural, tuvo su sentido para la supervivencia y hoy  la cultura puede convertir esta emoción, en un principio necesaria, en homofobia, racismo y xenofobia, convirtiendo la agresividad en violencia, con intencionalidad de dañar al diferente, al que no es como nosotros, de manera gratuita, sin ninguna ganancia que lo pueda justificar.
La agresividad biológica en interacción con factores culturales degenera en violencia. Del mismo modo es la cultura la que puede prevenir la violencia. Los factores más importantes tienen que ser la educción de la empatía y de los valores de la paz.

¿Los medios influencian en la educación de la empatía? 
En nuestra cultura tiene un papel fundamental la televisión, puesto que vertebra los diferentes elementos culturales, y es impactante que más de la mitad de los programas, a escala mundial, contienen violencia. 
Sabemos de filmografía que ha sido inspiradora de actos de violencia perpetrados por jóvenes, como Matrix o Terminator, personajes de modelo atractivo para muchos niños y jóvenes, colectivo que invierte un promedio del 50% de su tiempo libre en ver televisión y/o a jugar a videojuegos, una intensa práctica para empaparse de una cultura que hace de la violencia uno de sus atractivos. También sabemos de su influencia al incrementar las actitudes y comportamientos agresivos puesto que una forma de aprender violencia es verla, tanto en directo cómo observándola en las pantallas, como demuestra el estudio de las funciones de las neuronas espejo. Más todavía si no sólo se ve sino que se tiene un papel activo accionando el mando de los videojuegos, accionando todo tipo de armas, la finalidad de las cuales es, a todas luces, hacer daño, herir o matar. 

¿Habría que promover cambios en la cultura de entretenimiento de los medios audiovisuales?
La creencia de que los efectos de la televisión y de los videojuegos violentos no son nocivos para la mayoría de la población infantil y juvenil y que sólo pocos son los que llegan a confundir la realidad con la ficción, no exonera de responsabilidad a la sociedad. Habría que plantearse si es necesario promover que socialmente se implanten medidas para evitar la inducción a la violencia y la inducción a la desensibilización de sus efectos. 
El peligro existe, no se puede negar: anestesia de los sentimientos que nos humanizan, imitación de características de los personajes y también producción de ansiedad y de temores. Se tienen que pedir responsabilidades a las corporaciones y se tiene que esperar que la audiencia responsable exija cambios a la vez que asume una práctica real al desestimar toda forma de violencia. 
La educación tiene un gran peso. El modelado por parte de los padres con un rechazo claro hacia cualquier visionado y la práctica de juegos con violencia, con convicción, con unos valores que apuesten por la empatía y la paz, tiene que tener sus efectos de forma que llegue a ser la misma infancia quien rechace estos contenidos y busque otros. A la larga la industria tendrá también que modificar sus esquemas de producción. 
La libertad de expresión y los derechos de la audiencia se tienen que respetar pero las necesidad de crecer en una cultura con unos valores pacifistas y antiviolentos también. Tal como hay un acuerdo tácito de no lucir pornografía, se podría llegar al acuerdo de producir cambios en otros contenidos. La protección de la infancia es un derecho y una obligación.


Cada sociedad crea cultura y a la vez la cultura crea la sociedad.

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